PIEDRA DE
SOL
un sauce
de cristal, un chopo de agua, un alto surtidor que el viento
arquea, un árbol bien plantado mas danzante, un caminar de río que
se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre:
un caminar tranquilo de
estrella o primavera sin premura, agua que con los párpados
cerrados mana toda la noche profecías, unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo, verde soberanía sin ocaso como el
deslumbramiento de las alas cuando se abren en mitad del cielo, un
caminar entre las espesuras de los días futuros y el aciago fulgor
de la desdicha como un ave petrificando el bosque con su canto y
las felicidades inminentes entre las ramas que se desvanecen, horas
de luz que pican ya los pájaros, presagios que se escapan de la
mano, una presencia como un canto súbito, como el viento cantando
en el incendio, una mirada que sostiene en vilo al mundo con sus
mares y sus montes, cuerpo de luz filtrado por un ágata, piernas de
luz, vientre de luz, bahías, roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta, la hora centellea y tiene cuerpo, el
mundo ya es visible por tu cuerpo, es transparente por tu
transparencia, voy entre galerías de sonidos, fluyo entre las
presencias resonantes, voy por las transparencias como un ciego, un
reflejo me borra, nazco en otro, oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro los corredores de un otoño
diáfano, voy por tu cuerpo como por el mundo, tu vientre es una
plaza soleada, tus pechos dos iglesias donde oficia la sangre sus
misterios paralelos, mis miradas te cubren como yedra, eres una
ciudad que el mar asedia, una muralla que la luz divide en dos
mitades de color durazno, un paraje de sal, rocas y pájaros bajo la
ley del mediodía absorto, vestida del color de mis deseos como mi
pensamiento vas desnuda, voy por tus ojos como por el agua, los
tigres beben sueño de esos ojos, el colibrí se quema en esas
llamas, voy por tu frente como por la luna, como la nube por tu
pensamiento, voy por tu vientre como por tus sueños, tu falda de
maíz ondula y canta, tu falda de cristal, tu falda de agua, tus
labios, tus cabellos, tus miradas, toda la noche llueves, todo el
día abres mi pecho con tus dedos de agua, cierras mis ojos con tu
boca de agua, sobre mis huesos llueves, en mi pecho hunde raíces de
agua un árbol líquido, voy por tu talle como por un río, voy por tu
cuerpo como por un bosque, como por un sendero en la montaña que en
un abismo brusco se termina voy por tus pensamientos afilados y a
la salida de tu blanca frente mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno y prosigo sin cuerpo, busco a
tientas, corredores sin fin de la memoria, puertas abiertas a un
salón vacío donde se pudren todos lo veranos, las joyas de la sed
arden al fondo, rostro desvanecido al recordarlo, mano que se
deshace si la toco, cabelleras de arañas en tumulto sobre sonrisas
de hace muchos años, a la salida de mi frente busco, busco sin
encontrar, busco un instante, un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos, rostro de lluvia en un
jardín a obscuras, agua tenaz que fluye a mi costado, busco sin
encontrar, escribo a solas, no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo, invisible camino sobre
espejos que repiten mi imagen destrozada, piso días, instantes
caminados, piso los pensamientos de mi sombra, piso mi sombra en
busca de un instante, busco una fecha viva como un pájaro, busco el
sol de las cinco de la tarde templado por los muros de tezontle: la
hora maduraba sus racimos y al abrirse salían las muchachas de su
entraña rosada y se esparcían por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba envuelta por la luz bajo la arcada y el
espacio al ceñirla la vestía de un piel más dorada y transparente,
tigre color de luz, pardo venado por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable, he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María, tienes todos los rostros y
ninguno, eres todas las horas y ninguna, te pareces al árbol y a la
nube, eres todos los pájaros y un astro, te pareces al filo de la
espada y a la copa de sangre del verdugo, yedra que avanza,
envuelve y desarraiga al alma y la divide de sí misma, escritura de
fuego sobre el jade, grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña, circo lunar, peñasco de las
águilas, grano de anís, espina diminuta y mortal que da penas
inmortales, pastora de los valles submarinos y guardiana del valle
de los muertos, liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa, flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago, terraza del jazmín, sal en la
herida, ramo de rosas para el fusilado, nieve en agosto, luna del
patíbulo, escritura del mar sobre el basalto, escritura del viento
en el desierto, testamento del sol, granada, espiga, rostro de
llamas, rostro devorado, adolescente rostro perseguido años
fantasmas, días circulares que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro los sucesivos rostros de la
llama, todos los nombres son un solo nombre todos los rostros son
un solo rostro, todos los siglos son un solo instante y por todos
los siglos de los siglos cierra el paso al futuro un par de ojos,
no hay nada frente a mí, sólo un instante rescatado esta noche,
contra un sueño de ayuntadas imágenes soñado, duramente esculpido
contra el sueño, arrancado a la nada de esta noche, a pulso
levantado letra a letra, mientras afuera el tiempo se desboca y
golpea las puertas de mi alma el mundo con su horario carnicero,
sólo un instante mientras las ciudades, los nombres, lo sabores, lo
vivido, se desmoronan en mi frente ciega, mientras la pesadumbre de
la noche mi pensamiento humilla y mi esqueleto, y mi sangre camina
más despacio y mis dientes se aflojan y mis ojos se nublan y los
días y los años sus horrores vacíos acumulan, mientras el tiempo
cierra su abanico y no hay nada detrás de sus imágenes el instante
se abisma y sobrenada rodeado de muerte, amenazado por la noche y
su lúgubre bostezo, amenazado por la algarabía de la muerte vivaz y
enmascarada el instante se abisma y se penetra, como un puño se
cierra, como un fruto que madura hacia dentro de sí mismo y a sí
mismo se bebe y se derrama el instante translúcido se cierra y
madura hacia dentro, echa raíces, crece dentro de mí, me ocupa
todo, me expulsa su follaje delirante, mis pensamientos sólo son su
pájaros, su mercurio circula por mis venas, árbol mental, frutos
sabor de tiempo, oh vida por vivir y ya vivida, tiempo que vuelve
en una marejada y se retira sin volver el rostro, lo que pasó no
fue pero está siendo y silenciosamente desemboca en otro instante
que se desvanece: frente a la tarde de salitre y piedra armada de
navajas invisibles una roja escritura indescifrable escribes en mi
piel y esas heridas como un traje de llamas me recubren, ardo sin
consumirme, busco el agua y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas son de piedra, tu boca sabe a
polvo, tu boca sabe a tiempo emponzoñado, tu cuerpo sabe a pozo sin
salida, pasadizo de espejos que repiten los ojos del sediento,
pasadizo que vuelve siempre al punto de partida, y tú me llevas
ciego de la mano por esas galerías obstinadas hacia el centro del
círculo y te yergues como un fulgor que se congela en hacha, como
luz que desuella, fascinante como el cadalso para el condenado,
flexible como el látigo y esbelta como un arma gemela de la luna, y
tus palabras afiladas cavan mi pecho y me despueblan y vacían, uno
a uno me arrancas los recuerdos, he olvidado mi nombre, mis amigos
gruñen entre los cerdos o se pudren comidos por el sol en un
barranco, no hay nada en mí sino una larga herida, una oquedad que
ya nadie recorre, presente sin ventanas, pensamiento que vuelve, se
repite, se refleja y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad:
yo vi tu atroz escama, Melusina,
brillar verdosa al alba, dormías enroscada entre las sábanas y al
despertar gritaste como un pájaro y caíste sin fin, quebrada y
blanca, nada quedó de ti sino tu grito, y al cabo de los siglos me
descubro con tos y mala vista, barajando viejas fotos:
no
hay nadie, no eres nadie, un montón de ceniza y una escoba, un
cuchillo mellado y un plumero, un pellejo colgado de unos huesos,
un racimo ya seco, un hoyo negro y en el fondo del hoyo los dos
ojos de una niña ahogada hace mil años, miradas enterradas en un
pozo, miradas que nos ven desde el principio, mirada niña de la
madre vieja que ve en el hijo grande un padre joven, mirada madre
de la niña sola que ve en el padre grande un hijo niño, miradas que
nos miran desde el fondo de la vida y son trampas de la muerte —¿o
es al revés: caer en esos ojos es volver a la vida verdadera?,
¡caer, volver, soñarme y que me sueñen otros ojos futuros, otra
vida, otras nubes, morirme de otra muerte! —esta noche me basta, y
este instante que no acaba de abrirse y revelarme dónde estuve,
quién fui, cómo te llamas, cómo me llamo yo:
¿hacía planes para el verano —y todos los veranos— en Christopher
Street, hace diez años, con Filis que tenía dos hoyuelos donde
bebían luz los gorriones?, ¿por la Reforma Carmen me decía 'no pesa
el aire, aquí siempre es octubre', o se lo dijo a otro que he
perdido o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?, ¿caminé por la
noche de Oaxaca, inmensa y verdinegra como un árbol, hablando solo
como el viento loco y al llegar a mi cuarto —siempre un cuarto— no
me reconocieron los espejos?, ¿desde el hotel Vernet vimos al alba
bailar con los castaños — 'ya es muy tarde' decías al peinarte y yo
veía manchas en la pared, sin decir nada?, ¿subimos juntos a la
torre, vimos caer la tarde desde el arrecife? ¿comimos uvas en
Bidart?, ¿compramos gardenias en Perote?,
nombres, sitios,
calles y calles, rostros, plazas, calles, estaciones, un parque,
cuartos solos, manchas en la pared, alguien se peina, alguien canta
a mi lado, alguien se viste, cuartos, lugares, calles, nombres,
cuartos, Madrid, 1937, en la Plaza del Ángel las mujeres cosían y
cantaban con sus hijos, después sonó la alarma y hubo gritos, casas
arrodilladas en el polvo, torres hendidas, frentes esculpidas y el
huracán de los motores, fijo: los dos se desnudaron y se amaron por
defender nuestra porción eterna, nuestra ración de tiempo y
paraíso, tocar nuestra raíz y recobrarnos, recobrar nuestra
herencia arrebatada por ladrones de vida hace mil siglos, los dos
se desnudaron y besaron porque las desnudeces enlazadas saltan el
tiempo y son invulnerables, nada las toca, vuelven al principio, no
hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres, verdad de dos en sólo un
cuerpo y alma, oh ser total...
cuartos a la deriva entre ciudades que se van a pique,
cuartos y calles, nombres como heridas, el cuarto con ventanas a
otros cuartos con el mismo papel descolorido donde un hombre en
camisa lee el periódico o plancha una mujer; el cuarto claro que
visitan las ramas de un durazno; el otro cuarto: afuera siempre
llueve y hay un patio y tres niños oxidados; cuartos que son navíos
que se mecen en un golfo de luz; o submarinos: el silencio se
esparce en olas verdes, todo lo que tocamos fosforece; mausoleos de
lujo, ya roídos los retratos, raídos los tapetes; trampas, celdas,
cavernas encantadas, pajareras y cuartos numerados, todos se
transfiguran, todos vuelan, cada moldura es nube, cada puerta da al
mar, al campo, al aire, cada mesa es un festín; cerrados como
conchas el tiempo inútilmente los asedia, no hay tiempo ya, ni
muro: ¡espacio, espacio, abre la mano, coge esta riqueza, corta los
frutos, come de la vida, tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,
todo se transfigura y es sagrado, es el centro del mundo cada
cuarto, es la primera noche, el primer día, el mundo nace cuando
dos se besan, gota de luz de entrañas transparentes el cuarto como
un fruto se entreabre o estalla como un astro taciturno y las leyes
comidas de ratones, las rejas de los bancos y las cárceles, las
rejas de papel, las alambradas, los timbres y las púas y los
pinchos, el sermón monocorde de las armas, el escorpión meloso y
con bonete, el tigre con chistera, presidente del Club Vegetariano
y la Cruz Roja, el burro pedagogo, el cocodrilo metido a redentor,
padre de pueblos, el Jefe, el tiburón, el arquitecto del porvenir,
el cerdo uniformado, el hijo pedilecto de la Iglesia que se lava la
negra dentadura con el agua bendita y toma clases de inglés y
democracia, las paredes invisibles, las máscaras podridas que
dividen al hombe de los hombres, al hombre de sí mismo,
se
derrumban por un instante inmenso y vislumbramos nuestra unidad
perdida, el desamparo que es ser hombres, la gloria que es ser
hombres y compartir el pan, el sol, la muerte, el olvidado asombro
de estar vivos; amar es combatir, si dos se besan el mundo cambia,
encarnan los deseos, el pensamiento encarna, brotan las alas en las
espaldas del esclavo, el mundo es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua, amar es combatir, es abrir
puertas, dejar de ser fantasma con un número a perpetua cadena
condenado por un amo sin rostro;
el mundo
cambia si dos se miran y se reconocen, amar es desnudarse de los
nombres: 'déjame ser tu puta', son palabras de Eloísa, mas él cedió
a las leyes, la tomó por esposa y como premio lo castraron después;
mejor el crimen, los amantes suicidas, el
incesto de los hermanos como dos espejos enamorados de su
semejanza, mejor comer el pan envenenado, el adulterio en lechos de
ceniza, los amores feroces, el delirio, su yedra ponzoñosa, el
sodomita que lleva por clavel en la solapa un gargajo, mejor ser
lapidado en las plazas que dar vuelta a la noria que exprime la
substancia de la vida, cambia la eternidad en horas huecas, los
minutos en cárceles, el tiempo en monedas de cobre y mierda
abstracta; mejor la castidad, flor invisible que se mece en los
tallos del silencio, el difícil diamante de los santos que filtra
los deseos, sacia al tiempo, nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola, pétalo de cristal en cada hora, el
mundo se despoja de sus máscaras y en su centro, vibrante
transparencia, lo que llamamos Dios, el ser sin nombre, se
contempla en la nada, el ser sin rostro emerge de sí mismo, sol de
soles, plenitud de presencias y de nombres; sigo mi desvarío,
cuartos, calles, camino a tientas por los corredores del tiempo y
subo y bajo sus peldaños y sus paredes palpo y no me muevo, vuelvo
donde empecé, busco tu rostro, camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado caminas como un árbol, como un
río caminas y me hablas como un río, creces como una espiga entre
mis manos, lates como una ardilla entre mis manos, vuelas como mil
pájaros, tu risa me ha cubierto de espumas, tu cabeza es un astro
pequeño entre mis manos, el mundo reverdece si sonríes comiendo una
naranja,
el mundo cambia si dos,
vertiginosos y enlazados, caen sobre las yerba: el cielo baja, los
árboles ascienden, el espacio sólo es luz y silencio, sólo espacio
abierto para el águila del ojo, pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma, perdemos nuestros nombres y
flotamos a la deriva entre el azul y el verde, tiempo total donde
no pasa nada sino su propio transcurrir dichoso, no pasa nada,
callas, parpadeas (silencio: cruzó un ángel este instante grande
como la vida de cien soles), ¿no pasa nada, sólo un parpadeo? —y el
festín, el destierro, el primer crimen, la quijada del asno, el
ruido opaco y la mirada incrédula del muerto al caer en el llano
ceniciento, Agamenón y su mugido inmenso y el repetido grito de
Casandra más fuerte que los gritos de las olas, Sócrates en cadenas
'(el sol nace, morir es despertar: 'Critón, un gallo a Esculapio,
ya sano de la vida'), el chacal que diserta entre las ruinas de
Nínive, la sombra que vio Bruto antes de la batalla, Moctezuma en
el lecho de espinas de su insomnio, el viaje en la carretera hacia
la muerte —el viaje interminable mas contado por Robespierre minuto
tras minuto, la mandíbula rota entre las manos—, Churruca en su
barrica como un trono escarlata, los pasos ya contados de Lincoln
al salir hacia el teatro, el estertor de Trotsky y sus quejidos de
jabalí, Madero y su mirada que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
los carajos, los ayes, los silencios del criminal, el santo, el
pobre diablo, cementerio de frases y de anécdotas que los perros
retóricos escarban, el delirio, el relincho, el ruido obscuro que
hacemos al morir y ese jadeo que la vida que nace y el sonido de
huesos machacadosen la riña y la boca de espuma del profeta y su
grito y el grito del verdugo y el grito de la víctima...
son
llamas los ojos y son llamas lo que miran, llama la oreja y el
sonido llama, brasa los labios y tizón la lengua, el tacto y lo que
toca, el pensamiento y lo pensado, llama el que lo piensa, todo se
quema, el universo es llama, arde la misma nada que no es nada sino
un pensar en llamas, al fin humo: no hay verdugo ni víctima...
¿y el grito en la tarde del viernes?, y el silencio que se
cubre de signos, el silencio que dice sin decir, ¿no dice nada?,
¿no son nada los gritos de los hombres?, ¿no pasa nada cuando pasa
el tiempo? —no pasa nada, sólo un parpadeo del sol, un movimiento
apenas, nada, no hay redención, no vuelve atrás el tiempo, los
muerto están fijos en su muerte y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto, desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos, su muerte ya es la estatua de
su vida, un siempre estar ya nada para siempre, cada minuto es nada
para siempre, un rey fantasma rige sus latidos y tu gesto final, tu
dura máscara labra sobre tu rostro cambiante: el monumento somos de
una vida ajena y no vivida, apenas nuestra, —¿la vida, cuándo fue
de veras nuestra?, ¿cuándo somos de veras lo que somos?, bien
mirado no somos, nunca somos a solas sino vértigo y vacío, muecas
en el espejo, horror y vómito, nunca la vida es nuestra, es de los
otros, la vida no es de nadie, todos somos la vida —pan de sol para
los otros, los otros todos que nosotros somos—, soy otro cuando
soy, los actos míos son más míos si son también de todos, para que
pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena
existencia, no soy, no hay yo, siempre somos nosotros, la vida es
otra, siempre allá, más lejos, fuera de ti, de mí, siempre
horizonte, vida que nos desvive y enajena, que nos inventa un
rostro y lo desgasta, hambre de ser, oh muerte, pan de todos,
Eloísa, Perséfona, María, muestra tu rostro al fin para que vea mi
cara verdadera, la del otro, mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de panadero, de chófer y de nube y de marino, cara
de sol y arroyo y Pedro y Pablo, cara de solitario colectivo,
despiértame, ya nazco:
vida y muerte pactan en ti,
señora de la noche, torre de claridad, reina del alba, virgen
lunar, madre del agua madre, cuerpo del mundo, casa de la muerte,
caigo sin fin desde mi nacimiento, caigo en mí mismo sin tocar mi
fondo, recógeme en tus ojos, junta el polvo disperso y reconcilia
mis cenizas, ata mis huesos divididos, sopla sobre mi ser,
entiérrame en tu tierra, tu silencio dé paz al pensamiento contra
sí mismo airado;
abre la mano, señora de semillas
que son días, el día es inmortal, asciende, crece, acaba de nacer y
nunca acaba, cada día es nacer, un nacimiento es cada amanecer y yo
amanezco, amanecemos todos, amanece el sol cara de sol, Juan
amanece con su cara de Juan cara de todos, puerta del ser,
despiértame, amanece, déjame ver el rostro de este día, déjame ver
el rostro de esta noche, todo se comunica y transfigura, arco de
sangre, puente de latidos, llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros, al reino de pronombres enlazados,
puerta del ser: abre tu ser, despierta, aprende a ser también,
labra tu cara, trabaja tus facciones, ten un rostro para mirar mi
rostro y que te mire, para mirar la vida hasta la muerte, rostro de
mar, de pan, de roca y fuente, manantial que disuelve nuestros
rostros en el rostro sin nombre, el ser sin rostro, indecible
presencia de presencias... quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro, dormí sueños de piedra que
no sueña y al cabo de los años como piedras oí cantar mi sangre
encarcelada, con un rumor de luz el mar cantaba, una a una cedían
las murallas, todas las puertas se desmoronaban y el sol entraba a
saco por mi frente, despegaba mis párpados cerrados, desprendía mi
ser de su envoltura, me arrancaba de mí, me separaba de mi bruto
dormir siglos de piedra y su magia de espejos revivía un sauce de
cristal, un chopo de agua, un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante, un caminar de río que se
curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre.
México,
1957
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